Siempre me ha causado curiosidad y risa cuando a mis alumnos de prepa de primer semestre, les pido que escriban, a manera de práctica de escritura, un texto acerca de alguien a quien admiren mucho, de forma que describan, comparen y contrasten ideas. Me llegan textos acerca de todo tipo de personas: actores de Hollywood, cantantes, diseñadores de moda, familiares, hasta grandes pensadores. Siempre me ha llevado a pensar si realmente saben los adolescentes, detectar aquellas cualidades por las cuales se debe o puede admirar a una persona. Me gustaría saber si mis alumnos saben qué fue lo que realmente hizo Ghandi o si sólo lo admiran porque se “enteraron” de que ‘este chavo’ hizo una huelga de hambre, se vestía envuelto en una manta y usaba lentes y ganó pacíficamente (no se realmente si saben qué fue lo que ganó, o representando a quién).
Entonces este tipo de ejercicios me lleva a pensar en la persona a quien admiro yo. Y llego a la conclusión de que para mi, admirar a alguien es como para Morgan Freeman, en su papel de Dios (en la -en mi opinión-, subvaluada película “Bruce Almighty”), ver a los milagros; o sea, que un verdadero milagro es que para aquella madre soltera, que debe afrontar a un mundo que a veces le presenta adversidades, sacar adelante a su(s) hijo(s) y aún tener tiempo para asistir a un partido de béisbol. Por lo tanto, el admirar a alguien para mi es admirar a gente, como uno mismo, que día a día sale a trabajar y soportar a veces jefes nefastos, inseguros, mandones, groseros, incongruentes e inconscientes y salir de la oficina, medio vivir con los ingresos que tantas veces están tan limitados y llegar a la casa y pasar un tiempo con su familia, que se de aún tiempo para sus amigos y para aquellas cosas pequeñas que la misma naturaleza nos ofrece. Esas son a las personas que yo admiro.
Todo esto me vino a la mente desde el día de ayer que al ver “Big Brother Freak” (Villalobos, 2005) les hicieron una pequeñísima prueba de cultura básica general para que algunos de los habitantes pudieran quedar como finalistas y ganar inmunidad. Para quien no lo sabe y se pregunta por qué veo este tipo de programas, sólo tengo dos excusas: la primera, sólo tengo televisión rural y créanme, es más divertido ver BBVIP que a Jolette hacer berrinches en la Academia. La segunda, es que dentro de los habitantes de dicha casa está mi adorado René Franco (aclamado periodista mexicano, subvaluado también, pero esa es otra historia) quien le pone el “spice” a la “casa más famosa de México”. Total que en esta prueba, los ponen en una fila, por equipos, y comienzan a nombrarlos uno a uno para hacerles una pregunta. Y empiezan a tronar. Creo que esta idea la tuvo el productor, Pedro Torres, después de escuchar a Tania (que afortunadamente ya salió) que le preguntaran qué significaba la palabra ‘políglota’ y la muy infame contestó que venía de político. Err… el caso es que comienzan con las preguntas y se avientan algunas memorables. ¿Cuál es la fecha de la independencia de México? 5 segundos en silencio… “no señor, no sé” (Vigorra, 2005). Está bien, me dirán, la tal Vigorra es cubanita, pero lleva ya sus años en México, de oportunidades (o favores varios) de productores mexicanos trabaja -y por ende come- y sus “fans” son en general mexicanos también y seguramente la fulanita esta, fue a alguna festividad de la mal informada independencia de nuestro país vestida como adelita de trenza y rebozo y aún no sabe ni la fecha que se toma aquí como la independencia de México.
¿De qué se habla en el primer libro de la Biblia el Génesis? Uhm... ¿de un genio? (Ex Garibaldi -Charly no parece tener apellido-, 2005) Antes no le preguntó Big Brother sobre el libro de Números y siguiendo la lógica chance y hasta le hubiera atinado. Y la lista puede seguir. Había preguntas ambiguas también. Tal es el caso de una pregunta que le hicieron a nomeacuerdoquien que decía ¿Cuál es el sexto día de la semana? Y contestó inocentemente, basándose en un calendario cristiano “sábado” tomando en cuenta que Dios descansó después de la creación el séptimo día (que entendemos por domingo), sin saber que para el judío de Big Brother el sexto día es el viernes.
El caso es que “en manos de estos analfabestias” (Villalobos, 2005) está la televisión mexicana. Más coraje me da entonces cuando veo que hay gente que se desvive por gritar, pintar mantas y casi morir aplastados por el mar de gente que se reúne para ver a un “artista” (palabra sobrevaluada utilizada para nombrar a cualquier individuo (a) con cabello de Ashton Kutcher, senos descomunales o delgadez extrema) y más me hace reflexionar en si mis alumnos, como los alumnos de todos y nosotros mismos, tenemos claro de a quién debemos admirar o qué tanto dice de nosotros según la persona elegida.
Como conclusión, después de la prueba esta en Big Brother, hubo quienes casi casi le besan la mano a René Franco porque contestó correctamente las preguntas que le hicieron y lo dotaron de genio (sí, de los que habla el Génesis) porque supo que el nombre oficial de nuestro país es Estados Unidos Mexicanos. Está para reflexionar… y regresarlos al jardín de niños o al menos, que consigan un buen abogado y demandar a las escuelas donde estudiaron los habitantes de tan famosa casa.